Supervivencia del PAC

Entre Líneas

Armando González R. | agonzalez@nacion.com

Si la tendencia marcada por las encuestas no varía, la próxima elección podría tornarse una amenaza para la subsistencia del Partido Acción Ciudadana (PAC). Es pronto para conclusiones. La campaña apenas comienza y hay mucho tiempo para acumular aciertos y cometer errores. Habrá otras encuestas y el resultado de la votación difícilmente se parecerá a los datos reflejados por los estudios de opinión actuales.

El PAC está estructurado en torno a la figura de su candidato y fundador. Es difícil concebirlo sin don Ottón Solís a la cabeza, pero también es difícil imaginar a don Ottón a la cabeza luego de una tercera derrota, sobre todo si se produce por un margen abultado. La vigencia del líder está en juego en un partido que ha hecho poco por alejarse del personalismo y definir mecanismos idóneos de sucesión. Aún está fresca en la memoria la antipatía con que la dirigencia recibió el reto de quienes disputaron a don Ottón la candidatura, en especial doña Epsy Campbell, y el carácter limitado de la convención interna celebrada cuando no había más remedio. El partido tampoco ha logrado desarrollar una estructura capaz de sostenerlo en un mal momento. La organización sectorial no muestra la vitalidad necesaria y los organismos de conducción política son opacos, sin proyección nacional.

Sin el líder y ante la debilidad de la estructura, el partido tendría que apostar a la claridad del programa para mantener la coherencia, pero ahí también existe un déficit. Hay poco tiempo para desembarazarse del sambenito del partido del “no” y ofrecer al país un programa convincente. A la fecha, el PAC es más reconocido por una ubicación vagamente definida en el espectro político que por una propuesta concreta y bien delimitada. Es una opción de centroizquierda cuya materialización, una vez alcanzado el poder, es difícil de pronosticar. Habrá un programa escrito. Todos los partidos lo tienen, pero de ahí al acuerdo fundamental interno, capaz de brindar ímpetu a la acción política, hay una gran distancia.

El PAC se articuló, al inicio, bajo la bandera de la ética en la función pública, pero, pasadas dos justas electorales y en la recta final hacia la tercera, la bandera se ha desgastado. Habrá que esperar un momento de mayor madurez de la campaña para juzgar si el partido halló el mensaje y se reunió con el pragmatismo que tanto se ha echado de menos en sus actuaciones. Podría ser la última oportunidad, porque si el resultado electoral crea un nuevo vacío, comparable al dejado por el PUSC, alguien lo llenará.

http://www.nacion.com/ln_ee/2009/octubre/11/opinion2116486.html

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