Ticobama, por Alberto González

Costa Rica:

Mientras la euforia mundial por el triunfo del demócrata y hoy presidente electo de los EE.UU Barack Obama aún inunda las calles y los medios de comunicación, llega el momento de echar cada quien para su saco de la experiencia de la campaña electoral de ese país que acaba de finalizar.

¿Qué le dio el gane al senador afroamericano de Illinois? Sin ganas de usurpar el campo de los analistas políticos, quienes encima ganan dinero con eso, no es difícil ver lo que Obama trajo a la mesa de una sociedad necesitada como nunca de creer en sí misma: Orígenes humildes, haber vivido la pobreza y los vaivenes de una familia “disfuncional”, las consecuencias del black tax a través de la vida, y muy sobre todo, carisma, autenticidad y  proyección de fe en sí mismo y sus ideas, de esas cualidades que no se pueden comprar en una tienda ni ser creadas por un equipo “asesor de imagen”, de esos tan socorridos por nuestros políticos.

Obama se presentó como the real deal. Como uno más de nosotros, y con los pies bien puestos sobre la tierra. Sin más promesas que la de “arreglar el despelote por casa primero y lo demás después”, y sin embargo con un irresistible sentido de empoderamiento y charm que hace que todos, propios y extraños, queramos decir a coro Yes We Can, y creer que otra realidad es posible si trabajamos en ella.

Y eso, poder decir que sí se puede, con convicción y sin cinismo, es justo lo que nos hace falta en Costa Rica.

En contraste con la algarabía y buena vibra del país del norte, el nuestro ha sido avasallado por la apatía, la inseguridad, la violación de la “inocencia” y la decepción del engaño. Nuestra clase política es una manada de impresentables corruptos y ladrones de apellido, saco y corbata repartiéndose el país por turnos como en un juego de mesa, y que en cuestión de poco más de dos décadas se han robado algo más que dinero; Donde subsistimos más por inercia que por alguna señal de progreso visible.

Intentar o siquiera pensar en alguna solución se siente como echar agua en un canasto. Y así, el capitán designado del barco un día a medio camino del viaje simplemente se obstinó y soltó las manos del timón, dejando la nave al garete y vaivén de las olas y el mar. Y donde hoy, abandonados a nuestra suerte, sobrevivimos más que vivimos.

No es de extrañar entonces que entre la juventud del país en vez de entusiasmo por la política, más bien reina el abstencionismo y el desinterés.

Y lo que es peor, de cara a las elecciones de febrero del 2010 no hay ni un sólo candidato/a que al menos remotamente nos transmita esa sensación de confianza, de poder, de agarrar al toro por los cuernos, de Yes You Can, de que otro país sí es posible, como lo hace Obama. ¿Dónde está nuestro Barack? ¿Estamos condenados sin remedio a conformarnos con más de lo mismo?

Nosotros también necesitamos volver a creer.

http://www.juliaardon.com/2008/11/ticobama-por-alberto-gonzalez/

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