La peligrosa demagogia de Otto Guevara

Marina Ramírez | madeloria@hotmail.com

 Las propuestas de campaña de Otto Guevara son propias de un dictador

Abogada

En un Estado de Derecho, un presidente puede querer hacer muchas cosas, pero no puede hacer todo lo que quiere. La dictadura en democracia no ha podido ejercerla ni don Óscar Arias, con todo el apoyo popular de que se ufana. En un Estado de Derecho existen leyes que limitan y regulan el ejercicio del poder y la acción administrativa.Por eso, me parecen demagógicas las promesas de campaña que pretenden convencernos de que el candidato –de llegar a presidente– será casi un dictador, cuyos deseos y acciones no tendrán más límite que su voluntad. Este tipo de planteamiento destaca en la campaña publicitaria de don Otto Guevara, quien, con talante destacado y voz firme, nos dice que hará cosas que, a la hora de la verdad, la ley no le permite, de modo que solo podrá realizarlas cambiando esas leyes, con el necesario apoyo de la Asamblea Legislativa, donde habrá diputados de otros partidos, cuyo apoyo necesitará.

Medidas contra la ley. Las medidas que dice tomará en materia de seguridad ciudadana –por ejemplo– no resisten un análisis serio de alguien que conozca las leyes. Descubrir la cara de los delincuentes atenta contra disposiciones de orden procesal penal, que tienden a asegurar la validez de una prueba fundamental, como es el reconocimiento por parte de las víctimas.

A los delincuentes que son detenidos no se les cubre el rostro para proteger su identidad, o porque “pobrecitos”. Se trata de asegurar que esas personas no puedan alegar en la prueba de reconocimiento judicial que las víctimas han sido influidas por las imágenes y las informaciones que los medios han publicado sobre el caso.

Por eso, don Otto no podrá ordenar al Poder Judicial ni al OIJ que cambie su proceder, ya que este no es discrecional, voluntario, sino legal. Tendría que cambiar el Código Penal y, en definitiva, ¿a quién beneficiará o perjudicará la medida?

Tampoco podrá don Otto dar un golpe de nocaut a la delincuencia, declarando estado de emergencia la seguridad ciudadana, como primer acto de gobierno, si llega a ser Presidente. Tal declaratoria –aunque puede hacerla por decreto ejecutivo– es un acto regulado por la ley, y esa ley solo lo autoriza en casos de emergencia o urgencia ocasionados por guerra, conmoción interna y calamidad pública , a fin de que pueda el Estado utilizar recursos en forma más expedita para salvar vidas y bienes que estén en peligro por causa del desastre. Problemas, aun graves, que son resultado de la actividad ordinaria, por acción u omisión gubernamental, no pueden ser objeto de una declaración de emergencia por no estar así previsto en la ley. Por ello, no podrá el Poder Ejecutivo llevar a cabo las acciones de excepción (sobre todo en materia presupuestaria) que permite tal declaratoria, resultando, por tanto, ineficaz la medida.

La inseguridad ciudadana que nos agobia es, realmente, un asunto que requiere medidas urgentes, pero no pueden tomarse tan a la ligera como piensa don Otto. Las propuestas de solución deben ir más allá de una frase sonora en un anuncio de segundos. No engañemos a los ciudadanos.

http://www.nacion.com/ln_ee/2009/diciembre/04/opinion2182836.html

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