La izquierda necesaria

José Merino del Río

 Una izquierda que desde el gobierno construya el poder de las mayorías, mediante consensos

Diputado, Partido Frente Amplio

Mientras la derecha reduce su oferta electoral a la “mano dura”, para el Frente Amplio la crisis de Costa Rica se llama pobreza, desigualdad, corrupción, injusticia, discriminación, violencia; forma parte de un modelo neoliberal en decadencia, tanto a nivel productivo, como político, cultural, energético, ambiental, alimentario, moral. No somos tremendistas, tampoco catastrofistas.

Cuando hablamos de crisis, no estamos hablando de derrotismo, ni nos estamos alegrando con el ensanchamiento del dolor y de la humillación. Estamos hablando de esperanza; como dice Manu Chao, queremos llegar a esa estación.

Transitar de este país que tenemos, con su realidad de pobreza y de exclusión que afecta a cientos de miles de costarricenses, de corrupción y crimen organizado, de precarización del trabajo, de destrucción del tejido productivo nacional, de creciente desigualdad, de intolerable violencia patriarcal y sexista, de depredación de la naturaleza, de incertidumbre y desesperanza para la juventud, de pérdida de identidad cultural y de valores, de ascenso del autoritarismo, de ataque a los derechos, garantías sociales y servicios públicos, al país que queremos, necesitará un enorme esfuerzo de análisis, deliberación y convergencia democrática de diversas luchas y movimientos.

Valores referenciales. Ese país que queremos, como decía recientemente Pedro Casaldáliga, ese benemérito obispo de los pobres, tiene valores referenciales, columnas maestras de la nueva sociedad: la dignidad humana, la igualdad social, la libertad, la corresponsabilidad, la participación, la garantía de alimento, salud, educación, vivienda, trabajo, la ecología integral, la propiedad relativizada porque sobre ella pesa una hipoteca social.

Ser hoy progresista, más allá de cualquier debate estéril sobre etiquetas, es colocarse críticamente frente al significado y a las consecuencias de este sistema injusto, luchar contra sus efectos perversos y por una nueva sociedad inclusiva y solidaria.

Es el estado de injusticia en el que vivimos, el que sigue haciendo válida la distinción entre derecha e izquierda, ejes respectivos de la construcción de los dos grandes polos de la reacción y del progreso que se expresan en el campo de las ideas, en la lucha social , en las confrontaciones electorales, aunque a menudo la veamos enmascarada por la instrumentalización de un centro imaginario, receptáculo de votos de los partidos-omnibús dispuestos a recoger adhesiones en todas las paradas a punta de dinero, escondiendo ideologías y programas, lo que también forma parte de la llamada crisis de la política y de los partidos políticos.

Por eso desde el Frente Amplio pensamos en la urgencia de una izquierda necesaria en tres dimensiones esenciales: una izquierda de valores: es decir, con ética, intransigente con las diversas manifestaciones de corrupción, solidaria, internacionalista, defensora de los derechos humanos; una izquierda de lucha: comprometida con las reivindicaciones de los hombres y mujeres que sufren explotación, opresión, discriminación, que se mueve y organiza en defensa de las condiciones de vida y de trabajo de las mayorías, que se moviliza por el desarrollo de la libertad , de la democracia y de la justicia social; y una izquierda de gobierno: con un proyecto alternativo de sociedad, de Estado, de nación, que trabaja desde la sociedad y desde las instituciones con la aspiración de construir poder social y de ganar la mayoría política, por medio de las vías democráticas, para llegar al gobierno y construir el poder de las mayorías, instrumentos necesarios para esa Costa Rica posible por la que luchamos.

Compromiso. Esa izquierda necesaria debe tener un compromiso real con la democracia, en la forma de construir los consensos y de enfrentar las discrepancias, en la construcción de los liderazgos desde la participación y la horizontalidad, en la articulación y coordinación de las ideas y de las luchas con el conjunto de fuerzas sociales y políticas que se sitúan críticamente frente a la globalización neoliberal. Debe ser portadora de una cultura y de un talante que combine la firmeza en la defensa de los principios, y de la consecuencia entre el discurso y la acción, con la tolerancia, el respeto al otro, el espíritu abierto para escuchar, corregir y siempre tratar de integrar, unir, articular el amplio y diverso campo popular.

La fuerza que queremos construir tiene el reto de vivir, luchar y crecer desde el compromiso de género, que combata toda forma de subordinación y violencia que este régimen patriarcal practica contra las mujeres; desde el compromiso social que acabe con las diversas formas de explotación que sufre la clase trabajadora; desde el compromiso ambiental que instaure unas nuevas relaciones del ser humano con la naturaleza; desde el compromiso ecuménico de los hombres y mujeres que desde sus convicciones cívicas o de su fe religiosa, nos dan el ejemplo diario del poder redentor de la solidaridad.

Queremos construir partido de ideas y de lucha, una herramienta de emancipación y de pedagogía para la liberación. Rechazamos una visión de la política que la restringe a los espacios institucionales y a los calendarios electorales, y también criticamos otra deformación que divorcia la lucha social de la lucha política, y reduce esta a una resistencia sin alternativa de gobierno.

Estamos en la lucha popular, en el día a día de esa resistencia necesaria contra la corrupción; también estamos en el terreno electoral, tanto para hacer una lúcida crítica del poder que corrompe a la democracia, como para acumular fuerzas desde las instituciones.

Somos y queremos ser un movimiento de las clases trabajadoras, patriótico, ecosocialista, feminista, democrático, solidario, ecuménico, latinoamericano e internacionalista, identificado con las luchas y esperanzas de ese país mayoritario, integrado por todas las mujeres y hombres que sufren cualquier tipo de exclusión, explotación, opresión, discriminación, humillación y menosprecio.

Esa izquierda de lucha y de gobierno, democrática y transformadora, es hoy necesaria y urgente para impedir que el país se deslice hacia una derecha sin corazón y sin alma, para que podamos vivir en una Costa Rica en la que quepamos todas y todos, naturaleza incluida.

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