El malestar con la representación y la representación del malestar

02/12/2009 
Constanito Urcuyo
 
Hace algún tiempo escuche a una politóloga argentina hablar del malestar con la representación y de la representación de este para describir el estado actual de las sociedades contemporáneas. Mal estar, estar mal, la gente se siente mal con la política en nuestros días, pero paradójicamente son nuevos políticos quienes sacan partido de ese sentimiento al representarlo, tratar de expresarlo, en la arena pública, para lograr la identificación de los descontentos con su propuesta.

Los últimos resultados de la encuesta de Unimer parecen reflejar esto. El ascenso de el Movimiento Libertario, gracias a una campaña simple y monotemática, demuestra las efectividad de este tipo de mensaje y de la representación del malestar. El sentimiento de inseguridad imperante lleva a la ciudadanía a identificarse con quien asume la expresión del descontento.

Por otra parte, llama la atención el apoyo de los jóvenes y de un 30% de quienes apoyaron el TLC. Los jóvenes tiene como referencia una imagen relativamente juvenil y dinámica que ofrece el cambio YA, se colma la impaciencia con soluciones supuestamente inmediatas. En lo que respecta a los noteleceros, su opción hace pensar que su insatisfacción no era tanto de naturaleza ideológica o antinorteamericana como de malestar general con el estado de cosas y con la propuesta oficial.

Esto último me hace recordar lo que sucedió en Francia hace algunos años, cuando el cinturón rojo parisino, los barrios de clase obrera que rodeaban una parte de la ciudad, pasaron de dar el voto al partido comunista para otorgárselo a la extrema derecha de Jean Marie Le Pen. En la sociedad fluida en que vivimos las corrientes de opinión cambian rápido y a veces abruptamente. Las identidades dejaron de tener el carácter de capas geológicas y hoy se mueven a la velocidad de los electrones saltarines.

Otro aspecto que merece ser destacado es el tema de la oposición. La combatividad de Guevara, siempre al ataque, parece estarlo consolidando como la oposición frente al continuismo. La campaña didáctica del PAC, súbitamente reciclado en un esfuerzo cívico, luego de cuatro años de dura oposición, le ha dejado el espacio libre a los libertarios, y desorientados a quienes vieron en Solís la encarnación del quéjese y de la protesta. Hay que agregar también que la estrategia de polarizar con la candidatura de doña Laura pareciera estar dando sus frutos.

El Movimiento Libertario tiene ahora que dar sostenibilidad a esos logros, y como me decía un amigo, tiene que vencer el reto de la debilidad de las identificaciones en estos dos meses que faltan para la elección general. El voto joven es volátil, cambia al ritmo de los acontecimientos e igual cosa sucede con el voto protesta, sino que lo diga don Otton Solís.

Las razones del debilitamiento de su candidatura deben buscarse en una actitud oscilante entre la opción crítica del sistema y la vocación electoral. El episodio del TLC nos mostró a un Solís tímido para ponerse al frente de masas intensamente movilizadas, aunque opositor rotundo del TLC y de las leyes complementarias.

Al final la izquierda y los descontentos con el sistema le cobraron su timidez. La izquierda ideológica hizo casas aparte y los descontentos están migrando hacia otras tiendas para expresar su mal estar. Por su parte, la derecha ideológica y los empresarios le cobraron su osadía antisistémica. Don Ottón no quedo bien, ni con Dios ni con el Diablo.

El otro pecado del PAC fue el inicio tardío de su campaña, atenidos a que en el pasado esta formula les había dado resultado. Una publicidad dispersa en temas y asentada en la premisa que el electorado esta dormido (despertá) cuando este ha dado muestras claras de movilización y profundo descontento

Así como hace algunos años asistimos al desplome del bipartidismo hoy contemplamos un desplazamiento del eje del sistema político del centro-centro-izquierda hacia el centro-derecha. ¿Será este el resultado electoral?, todavía no lo sabemos, pero ya pareciera marcarse una tendencia.

El 6% de la candidatura de Fishman, aunque puede representar un poco más de cien mil votos, cifra significativa cuando las campañas se ganan por veinte mil votos en primera vuelta, o todavía más importante, suma clave para una segunda ronda electoral, si esta llegase a ocurrir.

De nuevo unas elecciones con sorpresas, lo que nos confirma que la política costarricense dejó de ser guerra de posiciones para transformarse en una lucha de movimientos donde avanzan los más osados y creativos.

http://www.suvotoprimero.com/Blog_Tema.aspx?expositor=11
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