Ojo Crítico

Rodolfo Cerdas

Cada vez que hay campaña electoral, salen a hacer alarde de defensa de la mujer quienes tienen tras de sí una larga cola inocultable. Será para engañar a la gente joven, que no vivió ni recuerda campañas anteriores. La mitología infundada de la historia nacional ha permitido levantar estatuas huecas, que no se sostienen ante el menor temblor. Así, es inadmisible que se quieran escudar en el respeto a la mujer y las reivindicaciones del feminismo, para decir que cualquier ataque electoral a una mujer que participe en política es resultado de una mente patriarcalista. Mente patriarcalista es utilizar a la mujer y sus justas reivindicaciones para justificar y encubrir las peores pretensiones del machismo tradicional, que ha visto rentable usar esas luchas y esos derechos por la equidad y contra la violencia de género, para meter de contrabando las peores manipulaciones patriarcales.

El machismo es como el cuento de tío Conejo y el muñeco de cera, que cada vez que a este le pegaba el pobre conejo, más pegado quedaba. El primer confite pegajoso fue el de la Primera Dama, a quien se le dieron de contrabando funciones y presupuesto, pero sin la menor responsabilidad formal, aprovechando que constitucionalmente, por el matrimonio, no le corresponde ninguno. En Centroamérica se llegó al colmo de encargarlas de “la cuestión social”, no porque se creyera que estaban más informadas, mejor preparadas y sensibilizadas sobre la problemática de las mujeres jefas de hogar y las jornadas dobles y triples de la mitad de la población, sino porque se les confundía a los machistas “lo social” con las viejas secciones de crónicas “sociales” de la prensa escrita.

Después vino el intento de utilizar a las esposas para heredarles la Primera Magistratura donde no hay reelección, usando su prestigio, preparación y carisma, no para generarles sustento social y poder político propios, sino para convertirlas en fachada de un poder detrás del trono.

El resultado final, con estas y otras lindezas del mismo tipo, no es otro que debilitar las reivindicaciones feministas, burlarse de la igualdad real, y colar diversas formas de continuismo que, históricamente, han sido nefastas para nuestra democracia. Cada vez que el continuismo ha levantado cabeza, el desenlace ha sido la violencia y la deslegitimación institucional. El sueño de un PRIísmo aclimatado a nuestra realidad, es una tentación fatal. Por eso esta campaña, que no dice nada, no ofrece nada y no plantea nada, debe originar reflexión –y no el lloriqueo sobre lo que debería ser y ya no fue– acerca de que no hay partidos, no hay ideologías y sí muchas ansias de manipulación, concentración de poder y desmantelamiento del Estado Social de Derecho.

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