Elegir el futuro

Fernando Araya | consulfe@hotmail.com

 La mente es el futuro; cultivémosla, eduquémosla, desarrollémosla

Consultor

Para salud mental, equilibrio emocional y alegría de los votantes, la campaña electoral, hasta el momento un millonario insulto a la inteligencia de los costarricenses y una vulgarización extrema de la sensibilidad humana, está llegando a su final.

La ausencia de contenidos que eduquen a la ciudadanía no debe sorprender, se origina en la mediocridad cultural que ha empobrecido el ambiente y transformado el intelecto en una caricatura indescifrable.

La cultura del “casi, casi, no, no”. ¿Cómo identificar, con mayor detalle, esta cultura de la mediocridad? Suponga que alguno de los representantes de la mediocracia nacional toma un lápiz y un papel para describir el tipo de país que lo hace feliz. Leeríamos, más o menos, lo siguiente:

“La nuestra es una sociedad casi desarrollada, donde somos casi, casi puntuales, y casi, casi clasificamos al mundial de futbol, casi se aplica una nueva ley de tránsito, casi se aprueba una reforma tributaria, casi reformamos al Estado, casi lo logramos, casi ganamos, casi, casi, pero no, es imposible, no a la revolución científica y tecnológica, no a la inserción en la economía global, no a los acuerdos comerciales, no a un Estado desburocratizado, no a la riqueza económica –que es pecado mortal y por ella se puede perder el cielo–, no al bienestar generalizado, los pobres y la pobreza siempre estarán aquí, no a la excelencia en el estudio, no a la sociedad del conocimiento, pertenece a europeos y estadounidenses, imitémosles a ellos, pero no mucho, apenas poco, casi, casi. ¡Sea anatema pensar! ¡Condenémonos a y contentémonos con la cultura del casi, casi, no, no…!

“¡Ay del que intente abandonarnos! Lo nuestro es el vacilón, el chinamo perpetuo, los chismes de una farándula orgiástica y simplona, en cuya puerta de ingreso se lee ‘la vida es complicada, la diversión no’.

Todo es chiste, todo es broma. Diviértase, entonces, no importa si el mundo se le viene encima, si en sus narices violan, matan, roban, engañan, usted contorsione su cuerpo, desnude sus músculos, levante sus glúteos, empequeñezca su mente, sea parte del rebaño, compórtese como si casi trabajara, casi amara, casi fuera feliz, casi estudiara, entréguese a la rutina, diga no a la innovación, apasiónese con lemas y consignas, adore a papá Estado y, si ese no es su dios, adore a papá mercado, pero adore algo, usted es un incorregible adorador, en última instancia, sea megalómano (adórese a sí mismo).

Simule dialogar, diagnosticar y consensuar, pero nunca tome decisiones. Si enfrenta algún problema ponga ojos de cordero degollado, de yo no fui, hágase la víctima; si alguna vez hace bien a alguien, nunca lo olvide, en algún momento puede echarle en cara su bondad.

Al caer la noche, fije su mirada en la mayor tontera que encuentre, atóntese con ella, y por último no se le olvide rezar, rece, rece, sin descanso, y peque, peque, sin cansancio, sea virtuoso en público y envíciese en privado; es esta la religión del país del casi, casi, no, no. El secreto del triunfo – lo dijo Berger – está en la falta de sinceridad. Fraternicemos en la inercia, paralicémonos en la mezquindad.

Que el país sea un escaparate de tranquilizantes, opios y alucinógenos, para que en este paraíso sin igual estallen nuestros cuerpos. ¡Ay del que intente abandonarnos! Le bajaremos el piso, lo llamaremos egoísta, traidor, individualista, explotador, vanidoso, oligarca, pecador irredento y lo lanzaremos al infierno…”

La mente es el futuro. No todos los costarricenses se identifican con el discurso anterior. La mayoría prefiere convertirlo en prehistoria y lanzarlo al olvido. ¿Cómo hacerlo? Es necesario elevar la cantidad y calidad de la vida cultural de la población, y la excelencia del proceso educativo.

Cultura y educación son dos prioridades nacionales. Mejoran el pensamiento, elevan el espíritu, impulsan el bienestar, disciplinan el carácter y erradican todos los dogmatismos.

La mente es el futuro; cultivémosla, eduquémosla, desarrollémosla. Conviene, además, modernizar el Estado y liberarlo de las inercias burocráticas. Sea por la vía de las reformas parciales a la Constitución Política o, en su defecto, convocando a una asamblea nacional constituyente; es lo cierto que nuestro país necesita un acuerdo nacional, que permita construir un mejor Estado y robustecer su capacidad de gestión político-administrativa y de autocontrol moral.

Simultáneamente, es básico multiplicar los emprendimientos y universalizar los conocimientos científicos y tecnológicos. Parafraseando a Castro Madriz (1818-1892): Triste del país que no tome a las ciencias – y a las tecnologías y a las artes y a las humanidades– por guía en sus empresas y trabajos (…).

Es cardinal continuar, fortalecer y enriquecer la inserción de Costa Rica en la globalización económica, social y cultural, y, como cara de la misma moneda, erradicar la pobreza y disminuir la desigualdad.

Una sociedad segura y pacífica, creativa y emprendedora, competitiva y equitativa, científica y humanista, ecológica y democrática, con altos niveles culturales y educativos, ligada a sus raíces nacionales e insertada en la globalización, donde el desarrollo de las capacidades humanas sea el eje de su evolución, no es una utopía, es la sociedad desarrollada a la que conduce la historia de las buenas decisiones.

Este es el futuro que vibra en la vida de millones de costarricenses, y en el alma de los niños y las niñas, a quienes nos debemos y por quienes trabajamos. Julio Rodríguez preguntó: “Por qué les exigimos a nuestros jóvenes y niños que produzcan buenos frutos si no sembramos en ellos las buenas semillas del futuro” ( En vela, La Nación , 18/12/09). Tiene razón. Sembremos, entonces, la simiente del porvenir. Llegará el día cuando “(…) el más pobre pescador reme con remos de oro” (Federico Nietzsche).

http://www.nacion.com/ln_ee/2010/enero/15/opinion2226521.html

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