Reflexiones pre electorales: Pobrecito mi país

Por Giovanni Beluche V.
Sociólogo
 
Pobrecito mi país, gobernado por políticos corruptos que no tienen escrúpulos para venderle al mejor postor nuestras tierras, mares, ríos, puertos, aeropuertos, carreteras, frecuencias radioeléctricas y hasta las semillas criollas. Pobrecito mi país, con escuelas sin servicios sanitarios y puentes que se caen matando a gente humilde, porque el ex ministro de hacienda no soltó la plata para arreglarlos y así llenarse la boca de que tuvimos superávit fiscal. Y encima Laura Chinchilla lo premia como candidato a diputado.

 
Pobrecito mi país, donde hoteles y condominios de extranjeros invaden parques nacionales, se apropian del agua de las comunidades, deforestan nuestros bosques, privatizan el acceso al mar, contaminan los ríos, todo ello con la complacencia del ICT y la CANATUR. Donde el gobierno neoliberal le declara la guerra a la naturaleza y permite la minería de oro a cielo abierto a una empresa canadiense que en su país tiene prohibidas esas mismas actividades.
 
Pobrecito mi país, en el que sacar fotocopias para estudiar es un delito, porque los diputados de Laura Chinchilla, Otto Guevara y Luis Fishman aprobaron leyes de implementación de un TLC que castiga a los pobres y beneficia a los ricos. Pobrecito mi país, porque el PLN, el PUSC y el ML obligan a nuestros agricultores a competir en desventaja contra los productores subsidiados de los Estados Unidos.
 
Pobrecita alguna gente de mi país, que se deja engañar con propaganda electoral que nos trata como si fuéramos imbéciles: Laura Chinchilla prometiendo como candidata lo que no hizo como vicepresidenta, ministra y diputada; Otto Guevara jurando que combatirá la delincuencia, pero no dice de dónde saca la plata de su millonaria campaña; y el otro exhibiéndose como el menos malo. Pobrecito mi país, donde se gasta más plata en la campaña electoral que en la construcción de viviendas populares.
 
Pobrecito mi país, donde la libertad de expresión se convirtió en el derecho de los que tienen plata para dar su opinión y el pueblo en simple receptor sin derecho a expresarse. Un país en que se desperdician millones de dólares en una campaña electoral vacía, con Laura Chinchilla recitando el texto que se aprendió de memoria, aterrorizada si le hacen alguna pregunta fuera del libreto; Otto Guevara buen discípulo de la demagogia ultraderechista del gusano Montaner; y Luis Fishman confesando sus propias flaquezas.
 
Pobrecito mi país, donde un paciente con riesgo de infarto debe esperar varios años para ser atendido por un especialista en la CCSS, gracias al daño que le han hecho a la seguridad social para favorecer el negocio privado de la salud. En el que los políticos neoliberales destruyen la educación pública para beneficiar el negocio de la enseñanza privada.
 
Pobrecito mi país, donde el gobierno inaugura carreteras que no están terminadas para ayudar a la campaña de la candidata oficialista, burlándose de las comunidades. En el cual el gobierno de Laura Chinchilla deja a la intemperie a las familias afectadas por un terremoto, mientras los jerarcas de su partido se dan tremendo festín en un restaurante de lujo con la plata de las viviendas populares.
 
Pobrecito mi país, con un gobierno que persigue sindicalistas y viola los acuerdos de la OIT, para entregarle nuestros recursos estratégicos a las corporaciones transnacionales.
 
Pobrecito mi país, que en vez de separación de poderes tiene títeres en el Tribunal Supremo de Elecciones y en la Corte Suprema de Injusticias. Donde se premia con consultorías inútiles y honorarios de lujo a los pega banderas y sapos de Oscar Arias. En el cual los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, donde crece el femicidio y la violencia contra las mujeres, donde la delincuencia se dispara por la miseria que genera el modelo neoliberal.
 
Pobrecito mi país, cuyo presidente y sus diplomáticos son la burla de la comunidad internacional, porque apoyan a la dictadura militar hondureña, enlodando la tradición civilista de la República de Costa Rica. 
 
En nuestras manos está la posibilidad de cambiar el rumbo de esta historia, podemos construir una nación incluyente, soberana, solidaria, democrática, con equidad y justicia social; un país del que nos sintamos orgullosos. Para hacerlo piense bien su voto, pero principalmente organícese, porque más allá del resultado electoral los sectores populares tendrán que dar grandes luchas por construir ese otro mundo posible.

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