¿Mujeres tradicionales?

 Prejuicio es decir que hay mujeres tradicionales que no se pueden identificar con candidata

David Delgado — Periodista

Son dos cosas las que mortificaron mi mañana del jueves 21 de enero : leer una pregunta de la entrevista a Laura Chinchilla, que realizó ese día la periodista de La Nación , Irene Vizcaíno; y, la respuesta que dio la candidata presidencial.

Tan solo, basta recordar: “Uno de los atractivos de su candidatura es que es la primera mujer con posibilidades reales de ser presidenta, pero usted está muy lejos de ser una mujer tradicional: no le gustan los oficios domésticos, no cocina, su esposo se encarga de la casa. ¿Por qué las mujeres deben identificarse con usted?”, pregunta la comunicadora.

Ante la inquietud que me genera esa interrogante, me pregunto: ¿cuántos tipos de mujeres hay? Soy hombre, y, hasta donde sé, solamente existe un tipo de mujeres: la mujer.

Cualquier lector crítico, notará que esa pregunta está cargada con el peso del machismo. Además, está llena de prejuicios porque repite el rol de esa mujer sumisa, que limpia, que lava, que plancha y que no puede identificarse con una candidata presidencial porque esta no limpia, lava ni plancha como ella, ya que, simplemente, quien hace las labores domésticas, es su marido. Si yo fuese mujer, esa pregunta me hubiese ofendido directamente.

Prejuicios. En este país, los comunicadores interfieren frecuentemente valoraciones prejuiciosas en sus informaciones, que repiten ideas vacuas y erradas. Claro, ¿quién puede prescindir de su subjetividad? Nadie, pero al mismo diablo se le pueden esconder los cachos.

Yo espero que la comunicadora me explique el porqué de su pregunta; espero que me responda cuántos tipos de mujeres existen; espero que note mi molestia; finalmente, espero que entienda que, como hombre, no estoy de acuerdo con la diferencia que hace entre las mujeres.

Es claro que la periodista y yo pensamos diferente. Ella piensa que hay mujeres tradicionales que, porque realizan labores domésticas, les es difícil identificarse con una candidata presidencial que dejó de ser “tradicional”, como califica la redactora. Y yo pienso —como periodista y hombre que soy— que no existen tales. ¿Irónico? Por supuesto.

La responsabilidad, el poder y la confianza que los ciudadanos hemos entregado a los medios de comunicación debe servir para que se vayan eliminando prejuicios y absurdos como el pensar que aún existen mujeres tradicionales.

Queda pendiente explicar por qué me molestó la respuesta de Chinchilla. Ella, ingenuamente, no se defendió de la pregunta de la periodista, solo se excusó frente a esta.

Si doña Laura pretende defender a las mujeres, y, lo más importante, representarlas, debió corregir el tan errado concepto implícito en esa pregunta.

Lo que más espero con este texto es que usted, lector, entienda que una mujer no tiene clasificación. Superemos las realidades. La mujer es la mujer.

http://www.nacion.com/ln_ee/2010/enero/26/opinion2238906.html

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