Elecciones 2010

 Si somos incapaces de pensar con los demás, no podremos solucionar los problemas del país

Embajador de Costa Rica en Washington

El punto de partida para el diálogo –incluido el político– no son las verdades, sino los hechos. Pero, por supuesto, para que haya entendimiento entre dos –o tres o más– posiciones contrarias, es necesaria una buena teoría para que la práctica no resulte monstruosa.

El diálogo partirá en un primer momento de los hechos: uno puede entender que alguien muera porque el cáncer ‘lo mata’, aunque no lo admita; pero que haya personas en el mundo que maten (‘matar’ se dice de muchas maneras, por ejemplo, ignorarlas, manosear su buen nombre, descalificarlas por sus ideas, etc.) a otras por ‘sus verdades’, no es de personas sensatas y, desde luego, ni se entiende ni se admite; estamos instalados en el mundo para apropiarnos de posibilidades en convivencia, nos guste o no.

Diálogo. La bondad o maldad de las acciones es consecuencia de tener que habérnosla con el bien. Así, ninguna persona es buena o mala por ser liberacionista o libertario, socialcristiano o militante de la Acción Ciudadana. Las condiciones morales son atributos asociados directamente a la inteligencia. Se trata, pues, de que todos confrontemos ‘nuestras cruzadas’: intolerancia, irrespeto, falta de solidaridad, incapacidad para dialogar con quienes piensan diferente a nosotros, machismo, mentira, etc.

Es decir, la medida estaría no solo en fundamentar, sino, además, en consolidar acciones, pues todos somos responsables de todos. El lenguaje político no solo explica el mundo, debe transformarlo.

El asunto no está en ver qué ‘impresiones’ se da (con la propaganda política, por ejemplo), sino en ver cómo las razones se reflejan en nuestras acciones. Si somos incapaces de pensar con los demás, o por lo menos de asumirlo, difícilmente podremos solucionar los problemas que aquejan a Costa Rica.

Aunque las personas en el diálogo piensen diferente, lo que importa son los proyectos en común que permitan beneficiar a las personas gobernadas. La primera obligación del ser humano es ser plenamente humano; esto no puede sacrificarse bajo ningún pretexto.

La política no puede tener ninguna razón válida para rechazar valores auténticamente humanos en esa búsqueda de sentido. El imperativo son las personas –las que gobiernan y las gobernadas–. En ese esfuerzo por cargar con la realidad, el dar razones debe liberarnos de los estereotipos y de los yerros de la historia. Nuestros proyectos deben someterse a revisión para así revertir la historia cuando lo amerite.

El ‘espejo ético’ lleva muchas veces a los distintos grupos de la clase política a una especie de narcisismo que los hace hablar de “ellos” y de “nosotros”. Se demoniza al otro (contrincante político, gobernados/as, etc.) para suspender el diálogo –que nunca existió–. Se habla entonces de “buenos” y de “malos”. Del ser humano como ‘animal político’ al ‘político animal’.

La justicia, la verdad, el dolor, la solidaridad, el hambre, la educación, la salud, etc., son temas sobre los cuales todavía seguimos hablando porque no dejan de estar en nuestras vidas.

El conocimiento lo hacemos los seres humanos. Es una pena que quienes victimizan a las personas más vulnerables del país –y, si se quiere, del mundo– sean las personas educadas.

http://www.nacion.com/ln_ee/2010/febrero/02/opinion2247235.html

Anuncios

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: