Letras de Cambio

Luis Mesalles | lmesalles@academiaca.or.cr 

economista

Mañana elegimos presidente. Quien quede elegido, tendrá que liderar el país por los próximos cuatro años. Con la euforia de la campaña, las expectativas de la gente tienden a ser grandes. La esperanza de muchos es que el gobernante elegido mejore de manera significativa las condiciones de vida de los costarricenses. Pero ya sabemos que del dicho al hecho hay mucho trecho. Los gobernantes no suelen cumplir con sus promesas de campaña. A veces, porque lo que prometieron era imposible de cumplir. Otras, porque las condiciones no se prestaron para poder llevar a cabo los planes. O, simplemente, porque el político nunca tuvo la intención de cumplir con lo prometido desde un principio. Incluso, aun creyendo que los políticos tienen buenas intenciones, suele suceder que las consecuencias de sus acciones son totalmente contrarias a lo que pretendían.

Para ilustrar, dos casos. El primero, se trata del reciente escándalo suscitado en Argentina, sobre la compra de dólares de parte del esposo de la presidenta Kirchner. El problema viene porque se sospecha que el señor Kirchner utilizó información privilegiada para beneficiarse en la compra de divisas. Argentina tiene un régimen de tipo de cambio de flotación administrada (el mismo que el Banco Central de Costa Rica quiere adoptar). En este régimen, las autoridades intervienen el tipo de cambio si creen que se está desviando de algún nivel considerado como “deseado”. Este caso evidencia que por más buena intención que tengan las autoridades, la flotación administrada se puede prestar para el abuso de funcionarios que tengan más y mejor información que el resto.

El segundo caso se da en Venezuela. Recientemente, conversaba con un amigo, empresario venezolano, a quien le pregunté qué tal les estaba yendo a los empresarios de su país, sobre todo a los productores agrícolas. Anticipando una retahíla de quejas por los abusos del régimen de Chávez, quedé sorprendido por la respuesta. Resulta ser que los agricultores venezolanos están teniendo más ganancias que antes. La explicación que me dio mi amigo es muy lógica. Chávez ha impuesto restricciones a la importación de alimentos extranjeros, con la intención de lograr la “seguridad alimentaria”. Pero, al mismo tiempo, el Gobierno controla el tipo de cambio y entrega divisas a los importadores tras un trámite largo que puede durar hasta 12 meses. En este escenario, solo los grandes empresarios tienen capacidad de financiar sus importaciones de maquinaria y materias primas, dejando por fuera a los pequeños. Así, los venezolanos están “contentos”, pues pueden comer alimentos producidos localmente, aunque eso implique que los pagan caros y, con eso, ayudan a los grandes empresarios hacerse todavía más ricos.

http://www.nacion.com/ln_ee/2010/febrero/06/opinion2252606.html

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